Los miembros del Club de las Pajas son todos hombres, las del Club de Lesbianas del Facebook son todas tortilleras, los peñistas arandinos (por regla general) tenéis pito, ¡menudo mérito! Negáis la entrada a las muchachas, la idea me parece chachipiruly, no se crean, a mí las de Evax no me dejan participar en sus concursos por no tener el periodo, pero me jodo y me aguanto porque son una empresa privada y acepto las condiciones, ahora bien… Vosotros debéis de asimilar que sois una panda de retrógrados y por tanto no sois dignos de que los presupuestos locales entren en vuestras bodegas. No merecéis subvenciones por mucho que animéis el cotarro durante las fiestas patronales (gracias por el júbilo). Os enfundáis en la faja las perras (muchas o pocas yo ahí ni entro ni salgo) del Ayuntamiento de Aranda… Un órgano de gobierno no puede subvencionar a organizaciones machistas en pleno Siglo XXI con la Ley de Igualdad, con los códigos éticos y morales que se presumen e imperan hoy día. Si las peñas no quieren desenroscarse la boina me parece estupendo, pero que lo haga el Ayuntamiento ¡YA! Ayudas sólo a las organizaciones que favorecen la cooperación y la integración, que no vengan con el rollo de que no hay plazas, porque yo conozco a más de una, de dos y de 300 que llevan más de 20 años planchando blusones y camisas y en las peñas han entrado nuevos socios (con pene claro). No os relamáis los bigotes aún gatitas, que para vosotras también hay estopa. ¡No! a las organizaciones de mujeres subvencionadas por el dinerito público, que suena muy progre el ir a favor de la mujer, pero lo inteligente es ir a favor de todos. Como se dice vulgarmente “o follamos todos o la puta al río” o por lo menos que a la puta no la pague el Ayuntamiento.
miércoles, 27 de abril de 2011
A los y las sexistas
jueves, 31 de marzo de 2011
Análisis

"Cualquier tiempo pasado parece mejor"

Comienzo advirtiendo al lector que en la moda me confieso nostálgico, como cantaba Karina “cualquier tiempo pasado parece mejor”. Recuerdo el último desfile Primavera-Verano de Valentino en la semana de la Alta Costura de París en 2008 como el fin de una era. Fue el espectacular punto y final no sólo de “El Emperador” sino de una etapa amplísima, dorada y llena de luces en la que imperaba el buen gusto sobre la pasarela, el amor por el trabajo bien hecho en el taller y la creatividad pura sobre el boceto en el estudio donde no se confundía la originalidad con la espantajería.
Atrás en el tiempo, en la memoria de muchos y con suerte en los museos, quedan piezas maravillosas de diseñadores como Pierre Balmain, Jean Dessès, Coco Chanel, Cristobal Balenciaga, Christian Dior, Antonio Castillo, Jeanne Lanvin, Charles James o Madame Grès, por citar a algunos aunque la lista es, como suponen, enorme.
Cada época trajo consigo un tipo de mujer sin que las casas de Alta Costura renunciasen a algo fundamental; el glamour. En los años veinte, década de importantes transformaciones sociales, se adaptaron gran parte de las prendas hasta entonces masculinas a la silueta femenina, predominaban en los vestidos de noche la seda y la muselina adornadas con bordados. El siguiente decenio, el de la crisis de los treinta, se caracterizó por las prendas que marcaban la cintura y entallaban la figura. El traje chaqueta se adueñó del día y de la noche, se redescubrieron los grandes escotes en la espalda y los abrigos de piel.
Los cuarenta, marcados por la II Guerra Mundial, estuvieron protagonizados por una estética oscura y austera a la que sólo se resistieron las francesas que hicieron frente a las penas con extravagancia; pintaron sus labios de rojo y usaron prendas en tonos brillantes como el azul, el blanco o el rojo. Los cincuenta trajeron consigo la vuelta al esplendor, las mujeres quisieron ser sensuales y marcar sus curvas, lo consiguieron gracias a los sujetadores armados y a los complementos.
La moda siguió evolucionando como lo hizo la vida hasta mediados de los noventa, luego vino la copia y la experimentación mal concebida y desafortunadamente practicada. Nunca habíamos tenido tantos, tantísimos medios a nuestro alcance ¿qué pasa entonces? ¿Somos incapaces de crear algo nuevo y espectacular sin dar a luz engendros? ¿Volveremos a una edad de oro? No soy agnóstico por lo que aún creo que llegarán días mejores donde la Alta Costura vista a señoras elegantes y los diseñadores encuentren musas más dignas que Lady Gaga. Rezaré a Dior hasta entonces.
*Columna publicada en www.palabradebeatriz.com
lunes, 28 de marzo de 2011
Hijos de Papá
¿Han visto Hijos de papá? Es un programa que emite Cuatro los viernes noche; el objetivo del mismo es que sus protagonistas, unos chavalines que no dan palo al agua pero sí sablazos a la tarjeta de papá aprendan lo que cuesta ganarse el pan por los pueblos de Ávila. El formato presenta situaciones que a uno le hacen dudar hasta qué punto está guionizado. Parece (o es) increíble que en este mundo nuestro exista gente que considere denigrante trabajar en una gasolinera o que les cueste creer que algunos duermen entre cartones una noche sí y otra también y no lleven de la mano un Hermés.
Repito la pregunta; ¿Han visto hijos de papá? Me refiero a los de carne y hueso, los que pueblan nuestras calles, creerme, son más reales que el IBEX 35 y el Euribor. Existen en todas las clases sociales, hay hijos de papás ricos e hijos de papás pobres. Hay muchas ramificaciones dentro de la clasificación de esta nueva tribu, los que se lo gastan en trapos, en coches, en putas, en Phoskitos, en pendientes de aro… pero el tronco de este árbol es firme “vivir sin trabajar para tener tiempo de gastar”. Los más descarados no hacen nada de nada, por no cansarse ni piensan en qué gastarse la pasta y se lo compran todo y luego Dios o Dior dirá qué usarán y qué no. Los que estudian, corrijo, los que se matriculan en cursos, módulos y carreras tienen doble culpa, porque no chapan y gastan el doble. Ahora les vienen a la mente unos cuantos niños de papá ¿verdad? Ya es una constante en esta columna haceros partícipes de mi miedo a los herederos del mundo, los niños y adolescentes. Cada día soy un poco más la Baronesa Thyssen, una madre que ve como su descendiente pierde lo que ella consiguió con una ambición desmedida y el único sueño de medrar. La forma de paliar el mal es la educación queridos padres.
miércoles, 16 de febrero de 2011
El pollo frito también es cultura
C. Andrés Baciero
He decidido dejar de escribir, de pintar, de hacer fotografías y de cantar en la ducha. Esta renuncia al arte, a mi arte, no se debe a una crisis de ideas, las musas de mi inspiración están ahí y mis modelos y metas siguen siendo los mismos. La razón de este “hasta aquí hemos llegado” es el miedo racional de que la SGAE llame a mi puerta pidiéndome cuentas, yo no quiero pagar una millonada por la reproducción de obras de otros ni que a nadie le sangren por las copias de las mías. Me despierto en mitad de la noche entre sudores con el recuerdo de la pesadilla que me desasosiega; estoy en casa pintando la mona o cantando la Traviata en pijama cuando David el gnomo con el rostro de Ramoncin pero sin botox llama a mi puerta y entra sin pedir permiso. Anota en una libreta todas y cada una de las obras que ve por ahí, lienzos más o menos curiosos, dibujos pintados con motivo del día de la madre… Al jodido Ramoncin se la pela mi derecho a la intimidad y se lee de cabo a rabo todos mis archivos de Word. Abre la nevera ¿buscará pollo frito para cobrarme un plus por considerarse él su rey? Me hace una suma de todo lo anotado y me extiende una factura, la cantidad descontada por copias de mis piezas halladas en otras casas no es elevada, ahora bien, los Cervantes y las láminas de Picasso me salen por un pico. Siempre me pilla sin líquido y no acepta tarjeta, como se pispa de que no le voy a pagar, se lleva todo y no me respeta ni la cinta de Bombomchip en la que grabé a mi prima cantando las Spice Girls. En el siglo XVI se extendió la bella costumbre de leer y los libros se abarataron, si ahora se encarece la cultura a lo que se suma la falta de interés del público por la misma ¿qué significa, que volvemos al Siglo XV? Parece ser que no nos dejan otra, a este paso no leerá ni Punset.
lunes, 14 de febrero de 2011
Goya

No cabe duda, la más guapa de la noche fue Silvia Abascal con un increíble vestido bicolor en nude con cola negra de Lorenzo Caprile y joyas de Vasari. Ahora bien ¿quién fue el más guapo de la noche del Cine español? ¿El más acertado? ¿El gran error?
Por elegante, estiloso y simpático (twitteó durante la gala) el ganador es el guapísimo Quim Gutiérrez que paseó palmito sobre la alfombra roja (este año por fin del color de la pasión aunque con publicidad de Loterías y Apuestas del Estado que crean que no desluce) con un esmoquin de línea Gucci Signoria, pajarita y mocasines, todo en elegante negro, lo combinó con camisa blanca.
El consejo; una nota de color en la pajarita hubiese sido lo ideal, como hizo el jovencísimo Francesc Colomer que eligió el frambuesa para su complemento estrella. Y puestos a poner peros, Quim debería de haberse reducido el volumen de la barba.
Miguel Ángel Muñoz (MAM) que después de hacer el ridículo como cantante se está haciendo un hueco en el mundo del cine, iba idéntico a Quim pero con el poco atractivo de ser próximo a los cánones de belleza y lo perfecto, al final amigo mío, resulta poco atrayente. Un aciertazo la camisa blanca con microbotones negros.
Unax Hugalde que he leído por ahí que fue de los más arriesgados al lucir un esmoquin con ribete en raso a juego con el tejido de la corbata igual al que lució el abuelo de un servidor 51 años antes el día de su boda con la única diferencia de la talla, por lo que mucho riesgo no le veo, además le hacía un cuerpo muy raro, taponcete, te iba grande el conjunto guapete.
El vallisoletano Roberto Enríquez con un esmoquin de terciopelo muy elegante, debería de haber elegido otro tejido para el pantalón y un peinado con más volumen pero sin duda uno de “los más todo” de la noche.
José Manuel Seda acertó en el concepto, ahora bien su esmoquin tres piezas y americana de un solo botón nanaí, daba la impresión de nuevo rico en la boda de su hija. La pajarita magnífica y hay que ver lo que gana con el pelo corto y barba.
Luis Tosar, ese feo guapo, también vistió de Gucci, fiel a su estilo de no llevar esmoquin, lució típico y tópico traje negro, corbata en el mismo tono y camisa blanca.
El consejo; está bien que seas fiel a tus convicciones sobre “la etiqueta” a resaltar tu sobriedad y tu rollito macho ibérico pero tú tienes pelotas, regálanos un “paseíllo” con corbata cantosa que a todos nos arranque una sonrisa y un “pues a mí me mola”.
Santi Millán del estilo; las corbatas finas en negro ¡me aburren! Existen magníficos pañuelos para llevar en la chaqueta, dan un toque de color a los trajes, alegran, divierten y son sin duda nota de distinción, buen gusto y conocimiento de la moda.
Asier Etxendía le perdono que fuese sin corbata porque se presentó con un modelo de Gucci Merseille azul noche con zapatos marrones que me encantó y salir del negro ya es un logro y merece un aplauso.
Otro más de Gucci, Javier Bardem, versión enterrador. No digo más; triste y oscuro tu look como tu relación con tu España, quizás si consiguieses ver normal que te has casado con una actriz de Hollywood y has tenido un niño al resto le daría lo mismo si se llama Javi, Lolo, Leo o Pepe. Sigue fomentando tu fobia a la prensa chuleta.
El gran error fue sin duda Alberto Ammann protagonista de Lope, que por lo que se ve, aburrido del oscurantismo de la etapa de dramaturgo lució un traje plateado de Dolce & Gabanna que no lo veo yo ni para día, ni para noche, ni para nada que no sea una boda de polígono.
jueves, 10 de febrero de 2011
Yo soy, el que soy
"Yo soy el que soy" Yahvé (Éxodo 3,14). Estudiante de periodismo, pintor coplero frustrado pero no resignado al fracaso al que siempre me conducen estas artes. En definitiva un titiritero intelectualmente anárquico, monárquico práctico, creyente y anticlerical. Amo la moda sin despreciar la antimoda que tanto me divierte, me enseña y rodea. De extremos, del todo o el nada; enseñar, sugerir, tapar, insinuar, rollo putón, batamanta clerical, todo tiene su lugar dependiendo de eso, del espacio. Amante del trabajo sucio, del que está en la sombra, de la aguja, a lo Caprile, a lo Coco, los que siguen el trabajo una vez entregado el boceto.
¿Un un sueño? Diseñar joyas, lo dijo Carmen Orozco; sin lujos sólo se sobrevive.